Manifiesto

El conomanifiestocimiento es, ante todo una respuesta, una respuesta ante la búsqueda de sentido o bien una repuesta ante un problema. Por lo mismo, nace desde una pregunta. Con conocimiento podemos referirnos a saberes populares y tradicionales o bien al conocimiento científico.

Puede tratarse de una respuesta ante la búsqueda de sentido y la necesidad de conocer la realidad de la que somos parte (y que co-construimos), así como también puede tratarse de una respuesta encaminada a la generación de algo nuevo, la solución a un problema: es necesario primero conocer para luego transformar.

El conocimiento es generado y nunca descubierto, nunca está allí en la realidad sino que es el resultado de un ejercicio humano de recortar la realidad y distinguir donde hay un saber nuevo, generar un conocimiento nuevo. Y si bien hay ocasiones en que el conocimiento pareciera descubrirse –cuando ocurre por casualidad o serendipia-, la generación de conocimiento siempre es propiciada por las personas. Esto último resulta evidente cuando hay una intencionalidad clara de generar un nuevo conocimiento, como resultado del uso del método científico.

Ahora, es justamente en la definición del problema de investigación donde surge la primera pregunta política referente a qué se define como problema, qué es necesario transformar y cómo. Plantearse una pregunta o un problema supone, en sí mismo, un posicionamiento. Por eso es político. Es aquí, en la definición de los problemas (o preguntas) donde no participan las mayorías. Los problemas son definidos en base a las necesidades de los grandes capitales –o en su mejor caso, según los intereses de la academia- pero no son resultado de la deliberación de las mayorías y las necesidades de estas.

Con eso en cuenta el conocimiento jamás es neutral. Más cuando se considera que para conocer median los sentidos de las personas. Por eso, no basta con conocer para que haya una transformación positiva. Por eso es importante no sólo cómo se genera el conocimiento, sino que también, qué se hace con éste.

La generación de conocimiento es un producto social, no individual, o sea, el conocimiento nunca es resultado de la genialidad de una persona, sino resultado del saber acumulado por la humanidad. En ese entendido, es fundamental que el conocimiento no se quede en los laboratorios, textos y aulas, sino que es necesario que se difunda. Esto pues, a diferencia de la mayoría de los bienes que disminuye su stock a medida que se usa, el conocimiento ofrece prodigalidad mientras sea usado: el conocimiento se amplifica, se reproduce, se multiplica mientras más sea usado y difundido. El conocimiento tiene, incluso, la particularidad de ampliar la realidad en tanto extiende lo posible.

Por otro lado, en la medida que transforma la realidad de la que todas y todos formamos parte, se entiende entonces que los horizontes que éste se trace –las preguntas que se plantee- debiesen ser decididos por todas y todos, así como también sus productos debiesen estar en manos de todas y todos. E incluso, el mero hecho de que la ciencia sea financiada por el Estado –con dinero de todas y todos- refuerza lo anterior.

De los párrafos anteriores se desprende, entonces, que la forma cómo se definen los problemas de investigación y los productos que de ella surjan deben ser democráticos. Con esta premisa básica nos situamos en la realidad chilena, preguntándonos ¿quién define lo que se investiga en Chile?, ¿hacia dónde está orientada la investigación?, ¿cómo se financia la investigación?, ¿qué ocurre con sus productos? Poniéndonos siempre en una vereda desde la cual el conocimiento científico pertenezca y beneficie a las mayorías.

 

El estado de la ciencia en Chile

Partimos por constatar algo evidente y es que existe una jerarquización de los conocimientos, donde lo que se conoce como “ciencias duras” consta de mayor prestigio y “las ciencias blandas” cuentan de menor prestigio, lo que se materializa en una distribución muy poco equitativa de los recursos.

Énfasis en el cómo se genera, no hay diálogo entre las distintas áreas. Se genera conocimiento con intensión de ser interdisciplinario, pero al final no existe.

Mucho más abajo en la escala están los saberes populares y tradicionales que han sido sistemáticamente despreciados por el saber moderno –la ciencia- lo que se ha traducido en la desaparición de estos conocimientos.

Lo segundo que quisiéramos constatar es que la ciencia es hoy otro sector de la producción, como cualquier otro, y que hoy existe una fiebre productivista de conocimiento, muchas veces vacía de contenido y la mayor parte del tiempo solo orientada a posicionar al país como un país productor de ciencia, a primermundizar nuestra imagen.

La generación de conocimiento está desprovista del halo romántico que pudo haber tenido en algún momento y quiénes allí se desempeñan no asumen la responsabilidad de ser quiénes están generando conocimiento científico para toda la sociedad. Esto, en tanto, no se reconoce el potencial transformador y la dimensión política del saber.

Una vez que la productividad científica es un fin en sí mismo, el plantearse otros fines pierde sentido. De allí que la definición de los problemas de investigación no respondan más que los intereses de las y los investigadores (y las demandas del mundo científico, al posicionamiento en revistas de prestigio) y no a la búsqueda por solucionar las problemáticas de la sociedad. A ello se suma el que el conocimiento muchas veces no se difunde, perdiendo así su potencial generativo.

En síntesis, la ciencia en Chile es responde a los intereses y exigencias de una cúpula científica encerrada sobre sí misma. Las preguntas a las cuales busca responder la investigación no pasaron por una decisión colectiva, estando completamente disociada de las inquietudes y necesidades de la sociedad. Con eso como panorama, nuestro rol será caracterizar la generación de conocimiento en Chile y desde una posición de denuncia vamos a generar insumos para quienes hoy se están planteando estas mismas preguntas -el movimiento social- buscando alcanzar también a quiénes aún no se han cuestionado esta realidad. Este proceso nos permitirá desarrollar una propuesta con todos los actores implicados orientada a generar formas democráticas de producir y difundir conocimiento.

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